Efectividad Organizacional:

Sistemas Colaborativos de Trabajo


 

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 “Toda empresa que no contribuya a la felicidad de sus miembros,

 debe desaparecer”

-- Dito Hermano  

Resulta casi anticuado referirnos al trabajo en equipo, consideramos que esto ocurre de manera espontánea o a veces obligada, en nuestras organizaciones y a veces el llamado o la convocatoria que nos hacen para integrar un grupo nos incomoda ante la idea de participar ejerciendo un rol y tener que acoplarnos a los demás.

La consecución a equipos de trabajo efectivos continúa siendo una visión primaria en las empresas, orientando ese objetivo en la integración de talentos para lograr ambiciosos productos, resultado obvio, del  aporte de cada uno de los integrantes y de la expansión de sus talentos dentro de un esquema que valoriza la participación.

Pero la conformación de equipos parte de la actuación personal que debe desprenderse de temores para resultar beneficiosa. Comprender que nadie puede más que todos juntos es un comienzo alentador.

Una vez definido el objetivo que persigue un equipo es vital visualizar un proceso donde la comunicación que se comparte amerita, recordar y anotar todas las palabras utilizadas en una actividad.

El desarrollo total de un grupo de talentos, se logra al conjugar el desarrollo de las habilidades del cerebro y el trabajo en equipo, para lo cual las empresas deben formar su propio aprendizaje, es decir, comprender elementos básicos de lo que representa un proceso educativo.

Enseñar viene del latín “insignare” que significa señalar, por lo tanto es importante que la organización tenga clara la Visión que persigue, su Misión y sobretodo sus Valores, para transmitirlos a su gente y definir un norte para engranar voluntades.

En mis Experiencias de Aprendizaje recalco la Regla 90 – 20 – 8, que lejos de imponer una ecuación matemática, sugiere la ventaja que tiene formar el hábito de: cada 90 minutos realizar un descanso, cada 20 minutos promover un ejercicio de activación cerebro – corporal y cada 8 minutos variar la estrategia.

Cada lapso antes descrito, tiene una explicación sencilla. Cada 90 minutos el ser humano requiere hacer un receso, descansar de lo que esté realizando, para recuperar la energía. Este espacio puede oscilar de 10 a 20 minutos.

La curva de atención desciende aproximadamente cada 20 minutos. Si lo duda, recuerda la última ocasión (seguramente reciente) donde en una conferencia o reunión de trabajo, el tema era interesante, la actividad agradable y los participantes integrados, pero experimentaste un sueño que te avergonzó pues sabías que era notoria la expresión, o divagaste hasta ubicar tu mente en otra experiencia que te resultara divertida. Luego, por supuesto, tuviste que realizar un esfuerzo adicional para ponerte al tanto de lo ocurrido.

Una activación cerebro corporal, puede realizarse con un ejercicio de respiración, o de gimnasia cerebral. Para ello, sugiero buscar información de autores especialistas como Jazmín Zambrano, Javier Morillo.

Igualmente cada 8 minutos necesario variar la estrategia, siguiendo el ritmo cerebral. Una fórmula bastante precisa es hacer uso de la bilateralidad hemisférica para incentivar ambas dominancias, el uso de metáforas, análisis, visualizaciones, participación activa con preguntas o comentarios y otros mecanismos que favorecen este proceso. Los equipos de alto rendimiento en las organizaciones tienen un ritmo donde las estrategias cambian ¡cada 8 minutos!

Otro elemento efectivo, es recordar y anotar todas las palabras utilizadas en una actividad, para enfocar los términos claves en mis Experiencias de Aprendizaje sobre Equipos Colaborativos de Trabajo, es frecuente dividir a los socios de aprendizaje de manera aleatoria en grupos y designar a los equipos con nombres como: Comunicación, Innovación, Colaboración, Liderazgo, Compromiso, Visión, Afecto y Misión.

Los conceptos que aporta la Programación Neuro Lingüística, también son muy poderosos, pues al cambiar el modo de comunicarnos, encontramos respuestas diferentes al poner en sintonía aquello que pensamos con lo que deseamos que ocurra de manera positiva y estimulante.

La evolución del cerebro ha generado nuevas habilidades, por eso para quienes conocen del Cerebro Triuno, esto es una realidad que utilizan diariamente.

El Cerebro Triuno, desarrollado por el Paul Mc Lean, define tres áreas principales del comportamiento humano que se desprenden y originan de las tres cortezas cerebrales.

El Reptil, o reptiliano, regula las funciones de supervivencia, las funciones básicas y el instinto. En otras palabras es el responsable de la relación con el entorno.

El cerebro límbico, es responsable de las emociones, los recuerdos y las reacciones anímicas, de allí que sea importante conocer esta corteza para aprender muchas de nuestras reacciones en la cotidianidad y en las organizaciones.

El neocórtex es la corteza donde se unen los dos hemisferios, genera el racionamiento y modula el área emocional.

Conocer el Cerebro Triuno apoya a las organizaciones a visualizar a la gente que labora en ellas como seres integrales, y atender las necesidades de cada corteza. El reptil requiere que tengamos agua disponible en áreas cercanas a las oficinas, sanitarios limpios y cómodos, comidas nutritivas y balanceadas, espacios confortables y ambientes amigables, además del tiempo necesario para ejercer esas actividades básicos.

La angustia y el miedo, son inhibidores del desempeño, el trabajo bajo presión es nocivo, estemos alerta ante la posibilidad de estar propiciando la huida o la parálisis de la gente ejerciendo estas acciones.

Atender el cerebro límbico, atendiendo las emociones, los estados de ánimo y promoviendo la felicidad.

Favorecer la comunicación y la creación de relaciones favorece la identidad y motiva el desarrollo de la inteligencia emocional.

El neocórtex requiere atención a promover el aprendizaje, al desarrollo de las habilidades, la creatividad, la innovación.

En esta corteza se asienta la conciencia simbólica, permitamos a las personas de nuestra organización, visualizar, imaginar, crear su espacio con símbolos, colores, himnos.

La experiencia de la Vinotinto, la asombrosa oncena de fútbol venezolano, es el mejor ejemplo de gestión del Cerebro Triuno y del empeño por crear equipos colaborativos. Una selección que enorgullece a nuestro país y que elevó su posición en casi 100 posiciones del ranking mundial, merece poner atención en el proceso vivido por cada uno de sus participantes y responsables.

Gran parte de esta explicación la encontramos al analizar la dominancia cerebral de los grupos, en Latinoamérica tenemos un peso mayor en las emociones, por lo que es mejor crear nuestros procesos y evitar adaptar modelos extranjeros.

Apoyemos a nuestros equipos organizacionales a conversar, pues las personas por naturaleza, compartimos antes de competir, cambiemos nuestro punto de vista para reconocer el observador que somos.

Cuando se conforman equipos de trabajo es prioritario manejar la mayor cantidad de información, desarrollar opciones múltiples para enriquecer el debate. Esforzarnos por mejorar el ambiente, mantener una estructura de poder cooperativo y resolver las cuestiones del grupo, usando los talentos para definir los roles, potenciando la participación; así tendremos equipos de alto desempeño, comunidades auto gestionadas, asociaciones colaborativas, países sin límites en sus aspiraciones de desarrollo y progreso y lo más importante, personas felices.

Adrián Cottín Belloso

Facilitador Internacional

PCO´s International C.A.

Email: adrian.cottin@pcos-international.com

Visita: www.adriancottin.com

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